Índigo

Como comentamos en el post de La cabaña, la mayoría de los colorantes naturales que se utilizan en ÁBBATTE son de origen vegetal, en algunos casos de nuestro jardín tintóreo.

Cabecero - Índigo

En el caso del índigo, este colorante se obtiene de diferentes plantas, consiguiendo en todos ellos azules de diferente intensidad.

Algunas de las principales plantas productoras de índigo son la Isatis tinctoria, Indigofera tinctoria, Persicaria tinctoria, Isatis tinctoria y Poligonum tinctorum. En todos los casos se basa en un proceso físico mecánico, no es químico.

El índigo, ha sido utilizado a lo largo de la historia, su uso está constatado desde el neolítico. Hay registros de la palabra añil en el sánscrito nila, persa nil, árabe clásico nil y árabe-hispano annil. Del latín nos viene la palabra indicum (de la india) o glastum de la otra denominación del índigo que es el glasto. En castellano la primera referencia es de 1555.

El índigo, fue empleado en el neolítico, en la Edad Media se conocía como el “oro azul”. Es el colorante más resistente frente a la acción de la luz, la foto-oxidación refuerza su intensidad volviéndolo más azul. Y es también el colorante menos resistente al rozamiento o fricción: la unión colorante-fibra es una atracción física, no se trata de un enlace químico.

Hace algo más de un año vino a ÁBBATTE el botánico, antropólogo, tintorero y naturalista experto en tintes naturales Michel García. Impartió a todo el equipo un taller de tintes naturales utilizando algunas de las plantas del jardín tintóreo. Sus prácticas son siempre sostenibles, respetuosas con el medio ambiente y salud de los tintoreros.

En el dormitorio de la imagen, hemos utilizados las fibras teñidas con índigo para las rayas de un cabecero, que es la pieza clave de la habitación ya que aporta una coherencia cromática que da sentido a todo el espacio. En este rincón se combinan piezas personales mezclando referencias de buen arte, iconos de diseño y artesanía del más alto nivel.

Con un buen uso  del color este cuarto consigue ser un remanso de paz por sus colores discretos y naturales. En el que es clave los tonos azules del índigo, el oro azul, como se le conocía en la Edad Media.

Texto: Elena Goded y María Olmos